
A ver, por favor, decídme cuál es la medida correcta. Tengo amigas a quiénes las quiero mucho aquí en León. Y me dicen ellas que suelo ser algo estricto con ciertas cosas. Las admiro mucho porque viven de un modo singular. Son independientes, guapas, bastante experientes con los temas de la vida, simpáticas y divertidas. Nuestros encuentros ocasionales me aportan un gusto especial. Lo aprendo de ellas. Me lo hacen ver. Porque siempre quiero seguir un camino propio lleno de reglas -y eso que suelo decir que el derecho me provoca mucha decepción-. Pero estas reglas mías, personales, puede que no me permitan vivir ciertas cosas, ciertos momentos. Hoy por ejemplo. Un momento impar. Me ha hecho acordarme de otra época; una en que vivía sin muchas barreras a lo mejor. Un tiempo cuando mucha gente pasaba por mi camino (mi primo Alexandre me hacía reir y a todos nosotros que le hemos conocido). Un tiempo donde pairaba la nave de la despreocupación. What a wonderful world this would be. Corté el tiempo este. No lo dejé seguir. Me hice abogado -es lo que pone el papel-. Y casi me dejo los pantalones cortos y la "parafa" fuera del maletín. El encuentro de hoy, de esta noche. No ha faltado nada. Bueno, a lo mejor una banda sonora, pero esta la recomiendo ahora...what a wonderful world this would be. Por ello lo de la medida: es decir ¿¿hasta qué punto debemos abdicarnos de posibilidades por seguir estrictamente una conducta habitual?? Bien, no estoy hablando de volverse uno un delincuente (aunque la delincuencia tiene muchos tipos y grados de nocividad social jajajajajajajaja). Simplemente de aprovechar oportunidades. "Entregarse". Seguir estrictamente determinados objetivos no es una norma general (o quizás podría ser justamente eso y tener excepciones). Hombre, creo que tiene que ver con el adónde quieres llegar. Si tienes lo que quieres es una cosa. Si sabes quien eres -muy relevante- también es algo valioso. Si todavía tienes que remar mucho para alcanzar la ola perfecta pues amigo mío, hay que pensarlo siempre dos veces. En cuanto a mí pues si os digo la verdad me falta poco. Lo tengo practicamente todo. La sal marina me hace falta sí. Un huevo. Eso me tengo que arreglarmelo. Es detalle que me hace dudar del camino. Lo demás me va bien. Sé que los míos están lejos. Sé de todos vosotros. Pero yo ando bien adónde ando. Y las reglas me las tengo que reordenarlas, reestructurarlas, para un vivir mejor. Me vale de momento el entender cuál es la medida correcta. ¿Sabéis qué? Me obligaré a ello. Con las mismas normas que me produzco estrecho, estas que me hacen no capaz de interpretación. Todo ello me causa un miedo. En razón de esta sensación necesito el cambio...un cambio pequeñito. Quizás no sea del todo divertido en ocasiones. Sobre todo cuando oigo los adjetivos : "eres muy buena persona, muy equilibrada, te admito por tantos motivos...". Seguro que con esto me vale. No es fácil. jajajajajajaja. Tal vez me encuentre muy fuera del mar. No pido nada más que acercarme a él (al mar). La compañía, si es que habrá, no será imprescindible. Lo aprendo. Espero que la sonrisa de estas dos amigas permanezca eternamente -en sus rostros y en mi memoria-. Un tiempo presente que me enseña la medida. La buena medida es no ser estricto, disfrutar del momento. Y un consejo a todos -a los chavales-...si eres muy bueno, muy buen tipo, buena persona...o te casas con el mar (o sea cual fuere tu afición o pasión) o amigo mío, lo tendrás crudo. Escuchadme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario