
On le donnait pour mort. No todos los que le conocían a él le daban cualquier posibilidad de sobrevivir a un incidente como aquél. Él no era un hombre débil aunque sus años -que no eran pocos- mantenían muy presente en su espíritu el miedo de la muerte. Royce. De pequeño los amigos le llamaban Roy, a secas. Su madre le leía hasta los diez años cuentos de las ballenas y tiburones. Le encantaba la mar. Siempre una pasión. Las tenía mucho respeto -a la madre y a la mar-. Muy pronto sentía la necesidad de adentrarse al mar. Conocer al universo interior ajeno a la gran parte de la gente. "Pero todo es vida". Su papá un hombre muy digno también (porque la madre lo era de sobra). Su papá un eximio pensador. Roy le preguntaba a él qué escogería ser si hubiera podido al nacer. Le respondía el padre siempre lo mismo: "nada más y nada menos, me gusta quien soy, me encanta lo que hago". Roy tambien tenía muchos defectos. Era una persona extremamente inclinada a la indecisión. Hesitaba todo lo que no podía. Su peculiaridad. "Muchos deseos", comentaba la madre. "Muy malo", decía el padre. "Un hombre tiene que saber que es lo que quiere", le llegó a decir a Roy. Al parecer Roy no sabía muy bien adonde iba, pero seguro estaba de saber lo que no quería. Hoy por hoy, luego de tal hecho, Fabián -el mejor amigo de Roy- fomentaba esa idea en el ánimo de todos los allegados. La idea de que Roy era muchos y tantos. Que no podía vivir para una. Con un camino. Se trasmutaba, se hacía omnipresente. En los años 80 Roy tuvo un accidente muy importante. En los 90 otro. En 2002 uno más. Ahora en 2009 pues le tocaba otra peripecia. "Es su carma", decía la madre mientras no se creía lo ocurrido. "Sombra y oscuridad". En los pasillos del hospital las caras largas. La gente no se manifestaba mucho. Muy cansados todos. La hermana de Roy vivía en otra ciudad pero estaba pendiente de todo por el móvil. Llamaba constantemente. Llamaba a cada cinco minutos. La madre le contaba tanto como si la última llamada hubiera sido otro día. Mientras tanto, en el universo paralelo estaba Roy. Dormido. Veía a todos los amigos, la família, todo. Se preguntaba si al final era el fin (valga la redundancia). Notaba algo raro. Sabía que tenía que reflexionar sobre las donaciones. De los bienes. De los votos de cariño. De sus órganos. La fe le guiaba siempre. Ahora, en tales circunstancias, más aún. "Servimos y morimos". No obstante llega a plantearse si podría haber desgracia semejante. En el hospital poco se decía. "Estable dentro del cuadro". El padre comenta: "qué coj...quiere decir eso, siempre con estas cosas, vaya, los médicos...". Alguna que otra amiga llega a hablar con la madre. Palabras de apoyo. Luego de la explicación médica sobre la imposibilidad de hacer algo más Roy se despierta y quiere marcharse. La plantilla médica no se lo cree y dan por sentado que aquello es uno en un millón. La família sonríe y se lo atribuye a una fuerza superior. Los amigos a la garra y valentía. "Qué cabrón", decían. Llama a la madre y le pide algo de comer. Ésta no sabe si llorar o reirse. Le dice a Roy que no se puede. Entonce roy le pide que lo lea a él un cuento. "De tiburones". Sorprendida contesta que sí. "Faltaría más". Roy llama a todos y les agradece de corazón. "Antes de que os vayáis necesitaba decir lo importante que sois todos. Pero para mí no es duro morir. Sólo el cambio es un fastidio. Luego estoy seguro que me acostumbraría". Todos muy emocionados se ríen. Roy sabe que en el futuro puede haber más. Ahora lo disfruta. "Todavía no", "todavía no". "Me queda por hacer". El padre se acerca a roy en el momento que algunos se marchan. Se sienta muy proximo. Baja la cabeza hacia delante y le pregunta a su hijo: "roy si hubieras podido escoger otra cosa al nacer ¿¿que te hubiera gustado ser??". Roy le mira al padre a los ojos. Le da una pequeña sonrisa. "Mucho más y poco menos, aunque esté contento con lo que soy y tengo, siempre es mejorable". El padre confía en él. Luego respira hondo y le dice algo más al hijo: "primero Ser hijo, luego Tener. Y tú ya Eres...".
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